viernes, 5 de julio de 2013

Con la fe renovada



Esta es la historia de Aldo y el milagro de su nacimiento.




Aldo estaba previsto que naciera a mediados de agosto. Por razones inexplicables abandonó el vientre materno dos meses antes, con pocas opciones de vida.

El embarazo de Carolina Escarramán había transcurrido si complicaciones. Sin amenaza de aborto y un feto con salud aparente.

Al cumplir la semana 31 visita su ginecobstetra para chequeo rutinario, pero la noticia que recibió no tenía ni un apice de rutina: amenaza de parto prematuro.

De inmediato la ingresan, le practican los estudios de lugar y el resultado no auguraba resultado satisfactorio para la criatura en proceso evolutivo.

La orden fue radical: acostada de forma horizontal con las piernas cruzadas sin poder levantarse ni para ir al baño. Y así pasó Carolina desde la mañana del viernes hasta el lunes siguiente.

Llega la doctora a la habitación con la buena noticia de que la paciente se iría a casa, pero cuando iba a firmar la de alta "algo me dijo que la dejara ingresada".

La doctora Griselda Roa le hizo caso a su instinto y decidió dejar a la paciente para asegurarse que no presentara anomalía.

"Tratamos por todos los medios de postergar el parto porque el bebé no estaba listo para nacer; sus pulmones no presentaban la madurez suficiente", precisó.

Alrededor de las 7:00 de la noche de ese día a Carolina se le desprende la placenta y hay que practicarle una cirugía con caracter de urgencia para salvar su vida y, si era posible, la del bebé.

Ya en el quirófano los expertos tenían menos de tres minutos para sacar la criatura antes de que la anestecia general lo afectara. Según los doctores, al momento del niño nacer estaba inerte, inanimado, sin aparentes signos vitales.

Todos se imaginaban lo peor, se miraron entre ellos y se enfocaron en estabilizar a la paciente mientras el pediatra se encargaba de reanimar el neonato. Pasaron alrededor de 20 segundos y entonces sucedió lo increible: el bebé gritó a todo pulmón, como si quisiera que el universo se enterara que lo había logrado por encima de las probabilidades.

Aldo hoy está en la encubadora mientras su madre se repone de la cirugía. Ambos muestran recuperación ascendente y se vaticina que pronto se irán a casa.



Ese mismo día en la mañana el padre del niño había escrito en la red "no creo en los milagros, mas creo en los creyentes". Horas después, al ver el fruto de tanto esfuerzo reafirmando una nueva vida, confirmó que la existencia, por sí misma, ya es una epifanía.

Quizás fue coincidencia o algún propósito divino, pero hace un año, en el mismo mes, el abuelo de Aldo murió, por lo que la nueva vida, más que renovar la fe de los doctores, desempolva la mía y me demuestra que donde termina una existencia otra se prepara para iniciar la carrera.

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